martes, 26 de octubre de 2010
lunes, 25 de octubre de 2010
viernes, 8 de octubre de 2010
Rocío Arévalo Cortés.
“la esencia del jugar no es un hacer de cuenta que …, sino un hacer una y otra vez, la transformación de la vivencia más emocionante en hábito”.
Benjamín, Walter. Infancia en Berlín hacia 1900.
Imágenes y sensaciones que rondan mis recuerdos reconstruidos a partir del relato de otros y de las pocas fotografías que conservo.
Ya casi he olvidado ese pasado que me ha llevado a recorrer ciudades fascinantes y sé que terminaré por no recordar cómo eran cuando las visité de pequeña. Pero sé que nunca olvidaré los colores, los olores, ni el bullicio de las calles que recorrí en mi niñez.
Es curioso como somos capaces de rememorar hechos absurdos ocurridos en nuestra infancia, como el gusto obsesivo que me producía esa cancioncilla que repetía una y otra vez…
José Santana Torres.
“El juego…tal y como cita Javier Martín Sala, es tomar cualquier realidad como representación de una posibilidad y ejecutar esa posibilidad como si fuera la realidad…”.
Un juego… las sombras como indicadoras de la realidad que no son ellas, pero que suponen el continuo recuerdo y referencia de esa realidad del ser entre lo real y lo ficticio, entre el ser y no ser, a medio camino entre lo mágico y lo religioso, suponen la imagen más palpable del mundo de lo abstracto, del mundo de las ideas, de aquello que trasciende lo que nuestros sentidos perciben.
En la mirada hacia atrás, en las preguntas acerca de lo perdido, de lo vivido y de aquello que nos han llevado a ser lo que somos, a menudo nos preguntamos por los elementos con los que aprendíamos, con frecuencia nos acordamos del juego y nos cuestinamos la forma en la que retornan a nuestro presente.
Tendemos a recrear las acciones que hemos vivido anteriormente. Recurrimos a una memoria extraviada por el fluir continuo del tiempo, un tiempo de cambios súbitos. Nos alimentamos constantemente de sorpresas.
Aquellas escenificaciones, actores, simulacros, aparecen como telón de fondo, como partes emotivas de nuestra existencia.
Esta instalación no es tal, es sólo una excusa para propiciar un juego entre cuatro como si de una excavación se tratase. Sacamos a relucir nuestros pequeños cachivaches de bolsillo, convirtiéndonos en coleccionistas de espacios y de memorias.
El hecho artístico resulta ser la mejor excusa para propiciar un diálogo. Sólo entrando en el proceso es posible experimentarlo. No se trata pues de producir un objeto bonito que evoque bellos sentimientos, sino que son sistemas de significados que enfatizan la necesidad de una nueva definición para la represtación, ya que ésta deja de ser mero espejo del mundo.
“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”.
Pablo Neruda
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